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El sistema linfático. Osteopatía Visceral

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¿De qué depende el flujo linfático?

Está determinado por la presión intratisular y la actividad de la bomba linfática. Cualquier situación que incremente la presión intratisular y el paso de líquidos hacia el líquido intersticial va a incrementar el flujo linfático. El incremento del flujo linfático incrementa la actividad miógena espontánea de la musculatura lisa de los vasos linfáticos (que tienen válvulas como las venas).

 ¿En qué consiste la bomba linfática?

El sistema linfático es un sistema «eliminador» que extrae el exceso de líquido, el exceso de moléculas proteicas, los restos celulares y otras sustancias de los espacios tisulares. Normalmente, cuando el líquido entra en los capilares linfáticos terminales, las paredes de los vasos linfáticos se contraen automáticamente durante unos segundos y bombean el líquido hacia la circulación sanguínea. Este proceso global crea la presión ligeramente negativa (-3 a -6 mmHg) que se ha medido en el líquido en los espacios intersticiales. El flujo linfático normal es muy escaso con una presión del líquido intersticial más negativa que el valor normal de –6 mmHg. Cuando la presión aumenta hasta 0 mmHg (presión atmosférica), el flujo aumenta más de 20 veces (Woodburne, 1988), por lo que cualquier factor que aumente la presión del líquido intersticial también aumenta el flujo linfático si los vasos linfáticos están funcionando normalmente.

Cuando la presión es de 0 mmHg se alcanza el límite superior de eficiencia. Por encima de ese nivel la presión del líquido intersticial es mayor que la presión dentro de los canales linfáticos; ello determina el colapso y obstrucción de estas vías, por lo que el drenaje cesa.

¿Qué mecanismos determinan el flujo linfático?

El hecho de que la presión efectiva de reabsorción sea inferior a la presión efectiva de filtración, implica que tan solo el 90% del líquido que difunde desde los capilares se reabsorbe; el 10% restante permanece en el tejido intersticial y debe ser eliminado por el sistema linfático. Teniendo en cuenta que la velocidad de filtración en todos los capilares del organismo es de 14 mL/min (20 L/día) y que la velocidad de reabsorción es de 18 L/día, unos 2 L de líquido intersticial deben ser drenados diariamente hacia la circulación sanguínea a través del sistema linfático.

Si la presión capilar media aumenta por encima de 17 mmHg aumenta también la fuerza neta que tiende a causar la filtración de líquido en los espacios tisulares. Es decir, un aumento de 20 mmHg de la presión capilar media provoca un incremento de la presión de filtración de 0,3 mmHg a 20,3 mmHg, con lo que se consigue una filtración neta hasta 68 veces mayor que la que ocurre normalmente en los espacios intersticiales. Para prevenir la acumulación del exceso de líquido en estos espacios se requiere 68 veces más flujo de líquido normal en el sistema linfático, una cantidad que es 2 a 5 veces mayor que la que pueden eliminar los vasos linfáticos. En consecuencia, comenzará a acumularse el líquido en los espacios intersticiales y se producirá edema. Por el contrario, si la presión capilar desciende mucho, se producirá la reabsorción neta de líquido en los capilares en lugar de la filtración neta y el volumen de sangre aumentará a expensas del volumen del líquido intersticial (Guyton, 2006).

El edema (por inanición, cirrosis hepática, problemas cardiovasculares, renales, fibrosis postraumática o postquirúrgica…) no solo comprime los canales linfáticos, sino que comprime estructuras vasculares y neurológicas aledañas, cambia el Ph de tejidos y órganos, lo que produce inflamación y perpetúa el ciclo. Hay asociado infiltrado de fibroblastos lo que ocasiona fibrosis y contractura tisular (Fundamentos de medicina osteopática, 2006).

El edema también altera el aporte de nutrientes a los sitios afectados y se asocia con cambios más importantes en la función de los tejidos y las capacidades de cicatrización. De la misma forma el edema compromete la biodisponibilidad de fármacos y hormonas, reduciendo su eficacia.

 ¿Las técnicas osteopáticas viscerales tienen efecto sobre el sistema linfático?

Sí. La regulación autónoma de los quilíferos y de las palcas de Peyer depende del sistema nervioso entérico (SNE). La proximidad y la interacción entre las placas de Peyer y los tejidos del SNE (como los plexos de Auerbach y Meissner) sugieren que el tratamiento linfático de los trastornos funcionales del intestino podría ser beneficioso (Mein et al, 2000).

Estimulamos, vía mecanotransducción, el peristaltismo intestinal. Las células intersticiales de Cajal, marcapasos intestinal, impulsan el líquido linfático de forma secundaria (Huizinga et al, 1995) el trabajo del sistema nervioso autónomo influye en el peristaltismo y favorecen el drenaje de esta linfa.

Las presiones extrínsecas promueven el llenado pasivo de los espacios linfáticos, por lo que además de aconsejar el movimiento y el ejercicio físico a nuestros pacientes, trabajamos el sistema fascial (Fundamentos de medicina osteopática, 2006).

La compresión externa directa de un canal linfático aumenta el flujo de linfa, trabajamos el mediastino y el diafragma. En los lugares donde las arterias con sus contracciones rítmicas cruzan los canales linfáticos también se eleva el flujo.

El diafragma actúa como bomba extrínseca de drenaje de la linfa. Los movimientos de los pilares diafragmáticos estimulan el drenaje al igual que el movimiento de órganos + peristalsis + el movimiento de extremidades + la respiración (Fundamentos de medicina osteopática, 2006; Shinohara, 1997; Shinohara et al., 2003; Negrini et al., 1992; Fukuo et al., 1990; Li et al., 1996).

El diafragma no solo produce un masaje directo en los linfáticos, sino que además la respiración crea gradientes de presión entre el tórax y el abdomen. Estos gradientes de presión junto con las válvulas unidireccionales contribuyen a eliminar la linfa hacia la circulación venosa. Si una persona respira 12 veces por minuto se producen 17.280 modificaciones de la presión por día. Por lo tanto, la velocidad y la profundidad de la respiración pueden aumentar o disminuir el flujo linfático.

El diafragma durante la inspiración se contrae en concierto con los músculos accesorios de la respiración, incluidos los músculos intercostales externos, esternocleidomastoideos y escalenos.

Esta contracción expande la cavidad torácica, disminuyendo la presión intratorácica y atrae aire hacia los pulmones. Con la relajación del diafragma predomina el retroceso elástico de los pulmones, provocando la exhalación (Nason et al., 2012).

Además, el diafragma ayuda en la emesis, la micción y la defecación al aumentar la presión intraabdominal y ayuda a prevenir el reflujo gastroesofágico al ejercer presión externa en el hiato esofágico.

El efecto global de la bomba extrínseca se percibe mejor si se observa el hecho de que el ejercicio intenso, con su movimiento de las extremidades, los órganos y el diafragma, puede aumentar el flujo linfático entre 15 y 20 veces con respecto al flujo en reposo normal (Fundamentos de medicina osteopática, 2006).

Otros diafragmas funcionales, como por ejemplo el diafragma pelviano funcionan en condiciones normales en forma sincrónica con el diafragma abdominal.

Artículo extraído del Informe crítico: osteopatía visceral

https://rofe-do.com/media/pdf/Informe_osteopatia_visceral.pdf

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