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Inmunología Clínica

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El sistema inmunitario se divide en dos grandes equipos de respuesta. Aquellos que responden rápidamente a agentes patógenos como virus pero sin precisión ni refinamiento, forman parte del sistema inmunitario innato. Los especialistas, que atacan de forma selectiva y con gran sofisticación biológica, aparecen días más tarde en el cuerpo humano alertados por el sistema innato, y constituyen el sistema inmunitario adaptativo.

La inmunidad innata es la primera parte del sistema inmune que se activa gracias al reconocimiento de moléculas del patógeno. Tiene un tiempo de respuesta más corto (se activa en minutos u horas).  Reconoce diversas moléculas muy conservadas evolutivamente en los patógenos gracias a receptores como los toll-like receptor (TLR).  Actúa por medio de los granulocitos, monocitos, macrófagos y células NK.  Como elementos solubles presenta: lisozima, complemento, citoquinas e interferón.

La inmunidad adquirida se activa por señales de alarma generadas por la inmunidad innata. Es más tardía (se activa días o semanas después). Tiene una respuesta específica para cada patógeno respondiendo de forma más efectiva, especialmente en infecciones repetidas que quedan memorizadas.

¿Cuáles son los componentes del sistema innato?

Los principales protagonistas del sistema innato que se activan tras la invasión por ejemplo del coronavirus en el cuerpo humano, son los interferones que interfieren en la replicación de los virus, y proteínas del sistema del complemento que están involucradas en múltiples procesos para aumentar la eficacia del sistema inmune.

El sistema del complemento comprende 30 proteínas activadoras de complejas cascadas bioquímicas que estimulan la inflamación, facilitan la fagocitosis e impiden por aglutinación que las partículas virales se unan a las células para infectarlas.

¿Qué son los fagocitos?

Son diversos tipos de células (macrófagos, neutrófilos y células dendríticas) que patrullan el cuerpo humano y que tienen la capacidad para perseguir y devorar a los coronavirus. Para ello, rodean a los virus con su membrana celular y los introducen en su interior, para destruirlos posteriormente mediante enzimas y ácidos.

¿Y las células asesinas naturales?

Las células NK entran en acción gracias principalmente a los interferones. Estos linfocitos revisan las células del cuerpo humano para comprobar que está todo en orden. Si detectan algo extraño en las células que haga sospechar que están infectadas por coronavirus, libera moléculas que destruyen sus membranas, matando así a estas células.

Dentro de la inmunidad adaptativa tenemos 2 vertientes:

  • La inmunidad celular en la que por medio de la activación de linfocitos T, CD4 y CD8, se liberarán sustancias que producirán la lisis de la célula infectada.

La inmunidad celular se activa por patógenos intracelulares.

  • La Inmunidad humoral en la que por medio de los linfocitos B y células plasmáticas, se liberan anticuerpos (Ig) que van a mediar la fagocitosis del patógeno.

Una vez activada la respuesta frente a bacterias o virus y patógenos extracelulares, se multiplican los linfocitos B y mutan a células plasmáticas que liberan anticuerpos (IgM e IgG).

La inmunidad humoral se activa por patógenos extracelulares.

Además de ofrecer una respuesta precisa y sofisticada, la exposición al coronavirus genera linfocitos de memoria (T y B). Estas células de memoria son los ‘veteranos de guerra’ que quedarán presentes en el cuerpo humano a largo plazo para protegerlo de posibles infecciones en el futuro. Son mejores indicadores que los anticuerpos para conocer la inmunidad de una persona frente al coronavirus.

La inflamación es uno de los principales mecanismos efectores de la inmunidad innata. Metchni ya habló de la inmunidad innata hace más de un siglo, pero no fue hasta hace 20 años que se redescubrió.

Hay que recordar que la inmunidad innata no tiene una especificidad tan fina como la adaptativa: reconoce patrones distribuidos en varias clases de patógenos (PAMP) a través de los TollR. Sus mecanismos efectores son la fagocitosis y la  inflamación.

Sin la inflamación no existiría nuestra especie.

La inmunidad está siempre actuando, es un hecho fisiológico y constante. Pero también hay que tener en cuenta que estos mecanismos vigilantes que se ponen en marcha frente a patógenos, también pueden volverse en contra del individuo y dar lugar a las enfermedades autoinflamatorias. Se producen cuando la respuesta inmune se pone en marcha frente a elementos contra los que no tiene que reaccionar, como estructuras propias, y lo hace de  una forma exagerada y descontrolada.

La activación del macrófago, por cualquiera de las tres vías (restos celulares, patógenos o sustancias secretadas por células supervivientes) hace que aumente la función de una proteína llamada factor nuclear kappa B (NFKB).

El macrófago tiene en su superficie los toll receptors. Analicemos los patrones moleculares asociados a patógenos (PAMP). Si lo que tenemos es un lipopolisacárido (componente de las bacterias gran negativas),  se activa el TLR4. Si lo que tenemos son lipomananos (típico de las micobacterias, como la tuberculosis) se activa el TLR2.  La flagelina (de las bacterias con flagelos, la mayoría) activa el TLR5. Además tenemos los DAMPS, que son patrones moleculares asociados a daño (o alarminas). Estas sustancias se liberan cuando es el tejido el que está sufriendo. Todo esto está dentro de la célula y al dañarse,  se expone al macrófago, se exponen las proteínas, el ADN del citosol y el ADN de la célula que también se expone al medio extracelular.

Por otro lado, el TNFα está relacionado con los glóbulos blancos de la sangre, el endotelio y otros tejidos en el transcurso de distintas agresiones celulares, como por ejemplo las infecciones. Su estimulación está relacionada con otros mediadores celulares como la interleucina 1 y endotoxinas bacterianas. El TNF  ejerce distintas funciones en diferentes órganos, por ejemplo la activación de la producción de otros mediadores como las interleucinas 1 a la 6.

En el hipotálamo actúa sobre el eje hipotálamo-hipofisario-adrenal, estimulando la liberación de hormona liberadora de corticotropina (CRH, del inglés corticotropin releasing hormone).

En el hígado estimula la reacción inflamatoria aguda, activando la síntesis de proteína C reactiva y otros mediadores celulares. En otros órganos aumenta la resistencia a la insulina.

La liberación de TNF-α produce activación local del endotelio vascular, liberación de óxido nítrico con vasodilatación y aumento de la permeabilidad vascular, que conduce al reclutamiento de las células inflamatorias, inmunoglobulinas y complemento, provocando la activación de los linfocitos T y B. También aumenta la activación y adhesión plaquetarias, y probablemente la oclusión vascular sea la causa de la necrosis tumoral, de donde proviene su nombre. Aunque localmente los efectos del TNF-α son beneficiosos, cuando el TNF actúa por todo el organismo, sus efectos son desastrosos, provocando síndromes como el shock séptico y la coagulación intravascular diseminada.

Es posible la inhibición de TNFα o de su receptor celular con anticuerpos monoclonales que se utilizan en tratamientos modernos de varias enfermedades autoinmunitarias como la artritis reumatoide, la espondilitis anquilosante, la enfermedad de Crohn y la psoriasis.

El consumo de algunos de estos fármacos puede aumentar el riesgo de contraer tuberculosis o reactivar una infección latente.

El interferón γ (ifn-γ), también llamado interferón inmunitario o de tipoII, es un tipo de citocina producida por linfocitos t cd4+ y linfocitos natural killer (NK) cuya función más importante es la activación de los macrófagos, con aumento en la capacidad fagocitaria de estos, tanto en las respuestas inmunitaria innatas como las respuestas celulares adaptativas. El interferón-γ tiene un importante papel en la inmunidad innata, por lo tanto ayuda a luchar contra algunas bacterias y, además, inhibe la replicación de virus. Esta citoquina estimula y modula el sistema inmune.

El factor nuclear kappa B  viaja al núcleo celular y hace que se produzcan quimiocinas y citocinas. Las más importantes son el factor de necrosis tumoral y la interleukina 1, 2, el interferón gamma. Estas citoquinas van a tener influencia sobre las células de alrededor y sobre el endotelio. En las células del tejido las citoquinas activan los receptores de estas células y genera cambios importantes en las mismas. El factor de necrosis tumoral activa su receptor (FASR) o TNFR1, y las células van a sufrir un proceso de autoevaluación.

El macrófago tisular censa todos los marcadores de daño tisular celular, chequea el tejido y recopila información acerca de cómo están las células.

En 2017 liccicardone et al demostraron que tras la manipulación se reduce el TNF- alfa.

Resolución de la inflamación:

En el proceso de resolución, el neutrófilo hace apoptosis y ya no hace hostil el ambiente. Ya no hay células necrosadas y se activan las vías antiinflamatorias del macrófago. El macrófago secreta el TGF-b (factor de crecimiento transformante beta) que genera mitosis en las células sanas. Cuando el tejido se desinflama se recupera del daño producido par la invasión.

Una vez la inflamación ha cumplido su función es necesario que cese. Llega un momento en el que el macrófago cambia y empieza a sintetizar lo contrario: moléculas antiinflamatorias (il4, il-10, tgfβ…).

Finalmente, la inflamación del tejido se resolverá mediante fibrosis o ad integrum. Para que se produzca este proceso deben liberarse citoquinas antiinflamatorias pero también que las tensiones en el tejido desaparezcan. Algunos estudios han demostrado que los fibroblastos secretan citoquinas antiinflamatorias tras el tratamiento miofascial y factores de crecimiento que mejoran la reparación tisular.

En un  estudio  de 2010 se compararon tres tratamientos aplicados a fibroblastos humanos: Se tomaron muestras de fibroblastos inmediatamente después del cese de la cepa y se evaluó la morfología celular, las secreciones de citoquinas, la proliferación, la apoptosis y los cambios potenciales en las moléculas de señalización intracelular. La elongación de fibroblastos inducida por deformación por movimiento repetitivo  produjo expansión de lameopodios, descentralización celular, reducción del contacto de célula a célula y disminuciones significativas en las proporciones de área de célula a perímetro en comparación con todos los demás grupos experimentales (p <0,0001). La tensión por movimiento repetitivo resultó en un aumento significativo en la tasa de apoptosis (p <0.05) junto con aumentos en la fosforilación de la proteína quinasa asociada a la muerte (DAPK) y la quinasa de adherencia focal (FAK) en un 74% y 58% respectivamente, en comparación con el control. Estas respuestas no se observaron en el grupo de liberación miofascial y tensión por movimientos repetitivos + liberación miofascial. De las 20 citocinas medidas, hubo un aumento significativo en la secreción de proteínas relacionadas con el crecimiento en el grupo de tensión de movimiento repetitivo + liberación miofascial en comparación con el control y la liberación miofascial sola. En conclusión, el tratamiento con liberación miofascial después de la tensión por movimientos repetitivos dio como resultado la normalización de la tasa de apoptosis y la morfología celular.

Fuentes:

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